Qué nos induce al fracaso en el trading y en otros aspectos de la vida

Por decirlo de alguna manera que se pueda entender, pongamos que tenemos «2 cerebros»: el «Impulsivo o Ángel malo» y el Razonable o Ángel bueno.

El «Impulsivo» ha ido evolucionando a lo largo de los siglos y viene haciéndolo desde nuestros más antiguos ancestros hasta la actualidad.

Es esencial para la vida y una de sus misiones principales es mantenernos vivos. Reacciona automáticamente en base a su «configuración». No nos pregunta, simplemente toma el mando y reacciona. El «ángel bueno» o la mente «Razonable» es mucho más lento.

Podemos verlo en acción cuando nos quieren pegar, y, aunque no queramos, la mano se nos levanta automáticamente para defendernos de la posible agresión.

Lo mismo cuando un coche viene hacia nosotros y damos un volantazo.

Este «cerebro impulsivo», reacciona por impulsos, no razona, y está muy relacionado con el sentido del miedo.

Sin el miedo muchos no llegarían a viejos. El miedo digamos que es un escudo protector para no caminar sobre las cornisas (aunque algunos lo hagan), para no tirarnos desde un avión sin paracaídas, para no cruzar una autopista llena de coches que van a toda velocidad, para no cruzar la vía del tren cuando este viene… vamos, lo que uno quiera imaginarse.

Pues bien, este «ángel malo» es sumamente perjudicial a la hora de operar. En el momento en que toma el mando ante una pérdida, generalmente su intervención no sale bien.

Nos perjudica seriamente en el trading.

Este «ángel malo o cerebro impulsivo» no aparece cuando operamos en una cuenta demo. En este tipo de cuentas operamos con el «ángel bueno o la mente razonable», de ahí que consigamos buenos resultados en simulado.

Pero no pasa lo mismo cuando operamos en real. Aquí ya entra en juego el «cerebro impulsivo aleccionado por el miedo».

Siente el sudor, el desasosiego ante las pérdidas…y toma el mando sobre el «ángel bueno». Lo único que persigue es eliminar el sufrimiento del trader, con los consecuentes y lastimosos resultados para su cuenta.

Entonces, ¿qué podemos hacer?.
Pues prepararnos lo mejor posible para dominar a este «ángel malo» y que la razón se imponga al impulso.
Esta tarea es propia y exclusiva de cada trader.

Mirar el Whatsapp constantemente, el Facebook, Instagram, el partido de turno cuando sabes que tienes que estudiar, comer dulce cuando no debes, mantener el vino a raya, ver la TV en vez de hacer las tareas, coger la Play y echar una partidilla antes de ponerte hacer lo que tienes que hacer…
Estos son ejemplos cotidianos propios de la «mente Impulsiva, del ángel malo», que sólo busca el placer, que sólo busca el goce del individuo, y que fácilmente se impone sobre el «ángel bueno o la mente reflexiva».

Es el principal intruso que socaba el logro de nuestras metas.
Es el control mental para que este «ángel malo» no salga a flote la clave para obtener resultados, no sólo en el trading, sino también en la vida.

Digamos pues, que «la mente impulsiva» es nuestra «mente primitiva» y que la «mente razonable» es la «mente inteligente».

Es más, esos flashes o intuiciones que nos vienen a veces cuando estamos en silencio, o en la ducha, o en el WC, ese «presentimiento» esa «intuición», proviene de esta «mente razonable», y es el resultado de procesar la información que nos va llegando por nuestros sentidos.

Es cierto que no es fácil distinguir la intuición (que es la verdadera esencia) con lo que creemos que va a pasar (en lo que casi siempre nos equivocamos), pero sin nos paramos a pensar/meditar en un mundo donde hay tanta distracción, lujuria y problemas, veremos que las soluciones están delante nuestra y entenderemos por qué ilustres como Benjamín Franklin, Napoleón, Édison, etc. deben sus logros al sólo hecho de dedicar un tiempo diario a pensar.

En la actualidad pensar es sinónimo de perder el tiempo, pero nada más lejos de la realidad.

No pensar es dar rienda suelta al «ángel malo».

El «ángel malo» intenta de todas las formas posibles que hagamos lo que nos gusta por encima de lo que debemos.

Y también se encarga de demorar lo más posible el inicio de la tara que tenemos que realizar.

Cuesta mucho doblegarlo, por eso no alcanzamos nuestros éxitos o tardamos mucho en conseguirlos.

El caso es que cuando hacemos lo que nos «obliga» la mente impulsiva, nos sentimos bien momentáneamente, mientras lo estamos disfrutando, pero luego nos arrepentimos e incluso nos volvemos irritables por haber caído en la tentación y por no haber hecho lo que debíamos.

En cambio, cuando hacemos que el «ángel bueno» se imponga, nos sentimos muy bien y tranquilos por haber hecho la tarea o el deber que nos urgía. La paz es total.

Además, haciendo caso al «ángel malo» la sensación será que las horas del día no nos llegan, justo lo contrario a lo que nos ofrece el «ángel bueno».