Perdiéndole el respeto al dinero

Cuando era pequeño era muy hipocondríaco, todo lo contrario que ahora. No podía escuchar ninguna conversación en la que hablasen de tal o cual enfermedad porque ya tenía todos los síntomas.

Me ponía pálido de verdad.

En la farmacia ya me conocían, el médico no era de familia era como de la familia (ya me daba siempre las mismas pastillas. Yo creo que eran caramelos sin medicamento alguno porque me los daba para todas las supuestas enfermedades que tenía).

Me decía que los chupara y que ya me pasaría.

Hasta que un día me «espetó» que por qué no me tomaba unas vacaciones e iba a disfrutar por ahí con las chicas.

Ahora lo he superado con creces pero tenía a mis padres realmente amargados y yo mismo me amargaba también. Ya no me acompañaban ni siquiera al Hospital en donde iba a Urgencias por supuestos infartos o rotura de venas en la cabeza.

Tal cual, no me estoy inventando nada. Era un verdadero caso de estudio. Los nervios me comían, y no lo entiendo porque mi carácter es bastante tranquilo.

Espero que mis hijas no sean así porque es realmente un verdadero calvario.

Hasta el punto que en el Hospital ya me vacilaban. Les comentaba que tenía un ruido en el corazón explicándoles con mi voz como sonaba y me decían que eso era el himno del Deportivo (en referencia al Deportivo de La Coruña).

Y voy más allá. Cuando me daban esos ataques de ansiedad incluso le cogía un cigarro a mi hermano y me los fumaba porque decían que calmaba los nervios. Yo que odio el tabaco… menos mal que no cogí el vicio.

Bueno, un verdadero trauma de mi infancia.

Un verdadero trauma que no me dejaba dormir y que no se acabó hasta que me puse firme y cogí el toro por los cuernos.

Un día, ya muy cansado, las 4 de la madrugada, dando vueltas aun sin dormir por miedo a que me parecía que tenía no se que, le di un puñetazo a la pared y me dije:

_ Si me muero que me muera.

_ Pero no me morí.

A partir de ahí todo cambió.

Ahora puedo oír cualquier conversación o ver cualquier programa sobre medicina que no me pongo nervioso en absoluto. Es más, para llevarme al médico lo tienen que hacer en carreta.

Soy el extremo totalmente opuesto.

En el trading me pasó algo parecido y lo solucioné adoptando el mismo estado mental.

En mi vida como trader estuve 3 veces a punto de quebrar totalmente, una en especial que me hizo reaccionar de la misma manera que cuando le di el puñetazo a la pared.

_ Si me arruino que me arruine.

_ No me arruiné.

A partir de ahí, comencé a perderle el respeto al dinero.

Logré operar en real con el mismo desapego al dinero que tenía cuando, en mis inicios, operaba en simulado.

Todo comenzó a fluir como debía.

Una vez que le pierdes el respeto al dinero empiezas a dominar la situación de alguna manera. Es todo mental. El verdadero poder está en la mente, en como reaccionas ante los acontecimientos, en lo frío y calculador que te vuelves, en como manejas las emociones…

Cuando algo te está consumiendo o le das un golpe a la pared o acaba contigo. Si no reaccionas y no vas de frente contra él te pasa por encima.

«Miedo afrontado, miedo que mengua; miedo no afrontado, miedo que engorda. El miedo se diluye haciendo, atreviéndose.»
_ Francisco Alcaide

Artículo Escrito por

Javier Pena

Trader en divisas, bolsa y materias primas.