Pensar y actuar

En nuestros días, desgraciadamente o no, nos ha tocado hacer mil cosas a la vez. Tenemos todo el día ocupado…y parte de la noche. Parece que no nos lleguen las 24 horas.
Sin embargo, y aunque andamos de aquí para allá, como para una mosca dentro de una botella, la mayoría de las tareas que hacemos son intrascendentes.

Personalmente suelo seguir una técnica, tan sencilla como difícil de aplicar. Y se llama: «Pensar y luego actuar».

Pero claro, como insinué al principio, a ver quién es el guapo que saca tiempo para pensar. ¡Vaya pérdida de ídem!, que dirán algunos.

Pues nada de eso. Aunque parezca, en principio, una gran pérdida de tiempo, lo cierto es que el ahorro del mismo y la calidad de las respuestas aportadas son muy importantes.

Así que retirarse a un lugar tranquilo y no hacer nada hasta que la mente nos lo ordene (lo notaremos perfectamente) es una de las mejores técnicas que he probado para conseguir que el camino sea lo más recto y rápido posible.

Cómo decía la Madre Teresa de Calcuta: «La ruta más corta es el camino correcto»