Manejando los tiempos

No todos los días tenemos las mismas energías ni el tiempo necesario para la realización de una tarea relacionada con nuestro objetivo, dependiento de la naturaleza de esta.

Quiero decir con esto que las tareas se pueden descomponer en otras de unidades más pequeñas para poderlas adaptar a las circunstancias y así avanzar mucho más rápido.

Por ejemplo, si necesitas realizar una tarea donde se requiere concentración para pensar, desde luego que te va a llevar mucho más tiempo si hay ruído a tu alrededor, y probablemente acabes cabreado con los que te rodean y mal a gusto contigo mismo por no haberla finalizado.

Por otro lado, si la tarea que vas a realizar necesita más tiempo del que dispones en ese momento, más de lo mismo, no te dará tiempo a finalizarla, estarás pensando en ella hasta que puedas abordarla de nuevo y te llevará un tiempo adiccional volverte a enfocar.

Por lo tanto, saber dividir las tareas y adaptarlas al tiempo disponible (aunque suponga dividirlo en fracciones de 10 minutos; todo suma) ajustarlas a la energía que tengamos en ese instante (tareas más complicadas o que requieran de mayor concentración para cuando estemos a tope) y dejar las tareas mecánicas, faciles de hacer o que requieran de poca concentración para cuando tengamos menos energía o haya ruído a nuestro alrededor, o intuyamos frecuentes interrupciones.