La simplicidad triunfa entre los traders de éxito

La simplicidad triunfa pero lo más difícil radica en hacer las cosas simples, y por añadidura, las que son simples para cada uno de nosotros. El buen trader personaliza su operativa a su manera de ser.

Siempre te funcionará mucho mejor un sistema en el que tu te sientas a gusto y te sea sencillo para tí trabajar con él que operar con el sistema de otro trader aunque este último sea un sistema ganador consistente. El mejor trader se hace a sí mismo con o sin ayuda de los demás.

Cuando estás estancado, que lo estarás sin duda muchas veces, entonces sí que la ayuda de otros traders más expertos puede volver a encaminarte y ver un sendero por el que avanzar, pero debe ser sólo eso, la chispa que te haga iniciar el camino, luego es muy importante que lo andes tú.

Yo he tenido muchos de esos momentos de estancamiento de los que sólo observaciones por parte de otros traders e instantes de meditación e inspiración han sido capaces de moverme del pantano en donde me encontraba.

Me sucedió con los patrones o set-ups, como se les quiera llamar. Debido a mis investigaciones he encontrado secuencias de velas que tenían porcentajes de acierto realmente altos, pero me encontré con una circunstancia que me hizo estar parado durante mucho tiempo a la vez que sufría pérdidas sin intender el por qué.

A veces son pequeños detalles que ya has leído en el pasado los que te hacen volver al presente y encaminarte hacia el futuro. Ya había leído alguna vez la importancia de seleccionar las tendencias primarias y secundarias dentro de un gráfico y operar a favor de lo que estás me “decían”, pero claro, siempre que buscas tu propio camino corres el riesgo de coger otros caminos más pequeños que te apartan del principal.

A veces te alejan mucho y tardas más en volver, otras veces, por suerte, sólo es una mera desviación.

En mi caso, en el tema de los patrones de velas, mi ansia por encontrar el punto exacto de entrada fue lo que me perdió durante bastante tiempo. Había leído muchas veces la frase del famoso especulador “Jesse Livermore” que decía: “El primer y último centavo son los centavos más caros del mundo“.

Y el caso es que, aunque parezca mentira, no adoptamos los consejos de los demás hasta que los probamos por cuenta propia. Que fácil sería hacerle caso a estas frases que tienen gran sabiduría pero el hombre es un reflejo de Santo Tomás:  “Hasta que lo vea no lo creo“. Y así es, te das de bruces hasta que algo en tu interior se da cuenta de la verdad.

Es una suma de puntos que un buen día se van uniendo.

Pues bien, el problema que tenía yo con la operativa con patrones era que si estos eran para identificar movimientos a la baja lo hacían perfectamente, salvo que si la tendencia era al alza, se daban la vuelta con un corto recorrido, lo cual no tardaba en ponerme en pérdidas. Vamos, que acertaban con la entrada pero el recorrido no era lo suficientemente consistente para darme una ganancia adecuada. Lo único que acumulada eran multitud de pequeñas pérdidas, pero que poco a poco me iban limando la cuenta. Ya se sabe: “un agujero pequeño hunde un barco“.

Así que entré en un momento de transición y altibajos en mi personalidad que parecían más bien una depresión con períodos de decaimiento intercalados con otros de euforia, a reflejo de mis operaciones.

Fue ahí cuando caí en la cuenta de que siempre es lo sencillo lo que vence, y lo hace porque lo simple es muy difícil de cambiar por no decir imposible. Caí en la vieja escuela de algo que me parecía demasiado sencillo para ganar dinero con ello y que había leído muy por encima en mi más tierna infancia del trading: las directrices primarias y secundarias.

Observé que las cotizaciones se movían dentro de su rango y por lo que fuera se adaptaban a mi manera sencilla de ver el trading, además me gustaba operar con ellas y daban ese punto de arte que tanto defiendo como piedra angular del trading y que sólo se logra con entrenamiento y práctica sobre los gráficos día a día hasta que el ojo se acostumbra a reconocerlo.

Esa simple trazada de lineas no sólo me identificaba las tendencias sino los soportes y resistencias más probables ( el trading es un ejercicio de probabilidad) sino que por fin parecía que me obedecía. Ya no entraba y el precio se daba la vuelta sino que me acompañaba viendo insólito como los patrones que tanto había defendido estaban a merced de las lineas primarias y secundarias.

De todas maneras, combinarlo todo, directrices primarias/secundarias y patrones me dio muy buenos y precisos puntos de entrada marcando un antes y un después en mi manera de ver el trading y en mi operativa.

Y a todo esto le añadí un plus extra al combinar dichas directrices con el resto de espacios temporales, desde el más grande al más pequeño de manera que era capaz de ir distinguiendo con mayor acierto los movimientos más probables de la cotización así como los puntos de entrada y salida. Ni que decir que esta destreza sólo te la da la acumulación de horas de práctica.

Además identificando dichos puntos lograba aproximar el stop-loss al máximo de manera de que cuando fallaba la pérdida era mínima.

Así fue como, una técnica antigua, considerada por mi como simplista, logró sacarme del pozo en el que llevaba sumido durante bastante tiempo logrando aumentar mi porcentaje de entradas con éxito. Era el paso que me faltaba ya que las pérdidas eran mínimas en todas mis operaciones desde hacía mucho tiempo. Sólo me faltaba aumentar dicho porcentaje de entradas exitosas para hacer mi sistema positivo y consistente, y fue así como lo logré.

El aumento progresivo del número de contratos o lotes (sin aumentar el riesgo) hizo el resto.