La próxima gran crisis

Los Bancos Centrales, en su día, decidieron penalizar al ahorrador bajando los intereses e inundando el mercado de dinero facilitando también el crédito a empresas y particulares.

La finalidad de todo ello sería que los ahorradores se desprendiesen de su dinero para que decidiesen invertirlo y así lograr la expansión de la economía.

Más gasto, más consumo, más productividad…. mayor actividad económica

¿Que han conseguido? ¿Por qué la economía no reacciona?

Por el exceso de endeudamiento. Particulares, empresas y gobiernos han gastado sus ahorros y, encima, se han endeudado por la extrema facilidad de acceso al crédito.

Futuras consecuencias: Cuando venga la crisis, que vendrá, porque el endeudamiento tiene un límite, el desastre tomará proporciones astronómicas. Los impagos serán parte del día a día, a esto le sucederán las quiebras y, por desgracia, la destrucción del empleo y la pobreza.

¿Y quién saldrá indemne del desastre?

El que, pese a todo, tenga dinero ahorrado aun a expensas de no rentabilizar nada por ello.

La secuencia ha sido y será: bajadas de tipos de interés – inyecciones de liquidez – endeudamiento (particulares, empresas y gobiernos) – medidas fiscales favorables (como última medida y si el endeudamiento lo permite) – más y mayores impuestos para aumentar la recaudación y mantener las medidas fiscales (lo que nos dan por un lado nos lo quitan por el otro) – menos gasto por parte de los ciudadanos (no se pueden endeudar más) – cierre de empresas (no hay consumo y no pueden pagar sus deudas) – aumento del desempleo (las empresas no generan suficientes ganancias para mantenerlo) – crisis y pobreza – medidas de reactivación.

Medidas de reactivación: Nadie va a hacer nada hasta que se tenga que hacer a la fuerza, hasta que no haya más remedio. Las medidas a implementar son tan dolorosas que los gobiernos sólo las toman (por impopulares) cuando la «sangre» está en las calles, cuando no hay más remedio y todo el mundo otorga.

Hasta entonces, nadie le pondrá el cascabel al gato.

La consecuencia es que pudiendo evitar males mayores cuando se podía, se retrasan y retrasan las medidas, dejando que la bola crezca para luego el estropicio ser descomunal.

Ya lo dice el refranero:

«Más vale prevenir el mal a tiempo que, después de venido, buscar el remedio»

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