Desconexión

Una de mis frases favoritas es:

“El stress es una acumulación de tareas”

y otra:

“Destacas en aquello a lo que más tiempo le dedicas”

Esta segunda frase se refiere a que dominar un tema hasta llegar a nivel de experto o excelencia requiere del máximo tiempo que le puedas dedicar, y puede ser también explicada con otra frase más:

“Buscar la perfección impide abarcar varios temas a la vez.”

Por lo tanto, todo se reduce a la palabra tiempo.

Tiempo es lo que se necesita para llegar a ser un experto en una disciplina. A mayor tiempo más lejos llegarás. NO hay otra.

Y, hoy en día, tiempo es lo que más falta nos hace.

Ya se lo robamos al sueño y a veces pensamos que los días deberían tener 30 horas o más. Pero esto es así, y lo que tienes que tener en cuenta es que el día tiene 24 horas para todos.

¿En que se diferencia entonces la gente que tiene éxito de la que no?

Pues principalmente en que ha escogido, para desarrollar, una sola disciplina, la ha simplificado hasta lograr distinguir el 20% que le produce el 80% de resultados y por supuesto, le dedica la mayor parte de sus horas a ello.

La mayoría de las personas tiene su tiempo repartido en múltiples tareas y diversiones por lo que a lo que más puede aspirar es a ser mediocre en cada una de ellas pero nunca lo suficientemente bueno.

Así que ¿cual sería el oficio ideal? Pues aquella pasión que al principio la tenemos como un hobby (o sea, que disfrutamos con ello) y la acabamos convirtiendo en nuestro oficio.

Esto sería lo ideal, por eso la mayoría de los nombres conocidos que han tenido éxito han destacado casi al unisono que llegaron lejos, por eso mismo, porque hicieron de su pasión su oficio.

¿Cuanta gente hay trabajando en lo que no les gusta? ¿Cuantos talentos se han perdido en otras disciplinas? La verdad es que es una pena trabajar en lo que a uno no le gusta pero es que la mayor parte de la culpa la tenemos nosotros mismos.
Nos acomodamos y ya no salimos de esa rueda de ratón que nos impone la sociedad.

Pues nada, que quede claro entonces que si nuestro trabajo es nuestra pasión las probabilidades de éxito se multiplican exponencialmente por lo que lo que se supone que es un trabajo se convertirá en una distracción. Vamos, que se será como no haber trabajado nunca porque disfrutas con ello.

Entonces tenemos claro que primero hay que adoptarlo como nuestra filosofía de vida.Pero cuidado, una cosa es trabajar en lo que nos gusta, hacer las horas con agrado y otra, obsesionarse.

La obsesión implica muchas cosas, sobre todo, no disponer del tiempo necesario para otros quehaceres u obligaciones.

Cuando digo que hay que reducirlo todo a la mínima expresión y buscar aquello que nos haga avanzar más, significa que por nuestro bien (poder lograr nuestro objetivo y tener tiempo para otras tareas esenciales) simplificar es lo mismo que obtener más tiempo libre.

Pero cuidado, no se acaba ahí la cosa. Tener más tiempo libre si no desconectas es lo mismo que seguir inmerso en ello.

Por lo tanto, si por ejemplo tienes mujer e hijos, sino desconectas, para ellos será lo mismo que si aun estuvieses trabajando. Y lo es porque notan que no les prestas atención.

Y es verdad, si bajas al mundo real y te paras a pensar, tu cerebro te está mandando continuamente señales de que tienes que seguir con tú tarea para lograr tú objetivo, y a su vez, está tratando todo el tiempo de buscar la solución.

Por lo tanto, para los que te rodean serás lo mismo que una piedra porque estarás tan concentrado que casi ni siquiera hablarás y si te interrumpen, aun encima, te pondrás de mal humor.

Y esto lo notas, sobre todo, por una cosa:
Cuando el día pasa y al acabar la jornada has hecho bien el trabajo, tu mente deja de estar ocupada en cuestiones que atañen al mismo y destina más “espacio” para lo que estás haciendo en el momento presente.

Por lo tanto te notarás de mejor humor, que no estás concentrado, y que hasta hablas y te integras más.

Pues esto es lo que tienes que lograr cada día, DESCONECTARTE, tras el trabajo. Olvidarte de todo hasta que te pongas a ello. Y no sólo por lo que he explicado en materia de parecer estar ausente sino porque no avanzarás absolutamente nada mientras tanto.

Si aun estuvieses tu sólo, rodeado de silencio, perfecto porque es donde salen las mejores ideas, pero en un Centro Comercial, rodeado de gente, por muy concentrado que estés lo único que conseguirás será gastar el cerebro para no conseguir nada, sino cansarlo más.

La mente necesita periodos de desconexión, de evasión, para luego volver con más ímpetu sobre el tema.

Esto no es que me lo invente yo. Todo el mundo en alguna ocasión, habrá experimentado que cuando algo no le sale, si lo deja durante 20 minutos, cuando vuelve ve más clara la solución.

No somos máquinas, pero incluso estas necesitan de un período de procesamiento. Nuestra mente es un ordenador más.

Así que, tu oficio como filosofía de vida, perfecto. Pero si aun quieres llegar más lejos tendrás que asumir que la desconexión es fundamental.

Fuera del trabajo, desconectamos, buscamos la fuerza mental para ello y cada vez que la propia mente nos haga el recordatorio sobre el tema a solucionar lo obviamos y lo posponemos para las horas de trabajo.

Seguro que vivirás más feliz, los tuyos lo notarán y tus avances hacia el objetivo serán más rápidos.

De nuevo, menos es más.