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A correr se aprende corriendo

Hay una serie de motivos claves por los cuales no conseguimos nuestros propositos:
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Hay una serie de motivos claves por los cuales no conseguimos nuestros propositos:

  • Demasiados objetivos: muchas profesiones, múltiples carreras, infinidad de cursos. Tenemos acceso a múltiples objetivos. En vez de centrarnos exclusivamente en uno es fácil ver personas con las manos en varios asuntos a la vez. Esto conlleva disminución de calidad, menos tiempo disponible para cada una de las tareas, falta de constancia y motivación, estrés, bajada de autoestima, no saber lo que se quiere hacer… Vamos, que la tendencia actual es proponerse algo y abandonarlo a los 3 meses para inmiscuirse en otra nueva tarea. Y así hasta el fin, de manera que sabemos de todo pero no somos expertos en nada. Por lo tanto, es obligatorio pararse a pensar que es lo que queremos alcanzar, para darle un motivo a la mente, y encaminarse hacia ello sin abandonar al primer obstáculo que encontremos.
  • Distracción: hoy en día estamos rodeados de estímulos externos. Ya no estoy hablando de las diversas tareas esenciales que nos ocupan a cada uno a lo largo del día. Internet y luego, el móvil son el motivo de la máxima distracción. La mayoría de la gente, sobre todo las nuevas generaciones, no son capaces de estar más de un rato sin consultar sus redes sociales o jugando con alguna aplicación. La distracción es patente, elimina muchísimo tiempo que debería estar destinado a la consecución de un objetivo. Pero es que la sociedad está cambiando y lo que antes era prioritario, ahora no. Baste un ejemplo: «Las relaciones sexuales ya no son prioritarias para los jóvenes». Estoy muy de acuerdo en que hoy en día existen una serie de actividades que mucha gente prefiere hacer por encima del sexo. Actividades que le dan mucho mayor placer, actividades mucho más individualistas, como dije antes, por Internet y los móviles. No es extraño ver a un grupo de personas consultando el móvil sin mediar, prácticamente, palabra entre ellos. Por lo tanto, la distracción en tareas que ofrecen placer por encima de productividad están alcanzando cotas máximas. Y ya se sabe que para conseguir un objetivo hay que hacer primero lo que se debe y luego lo que se quiere.
  • Enfoque mental: en la consecución de un objetivo tiene especial importancia la mente. TIENES QUE DOMINAR TU MENTE. Y la mejor manera para ordenarla es meditar una o dos veces al día, generalmente al levantarse y al acostarse. De esta manera identificarás claramente tus prioridades y soluciones. «Si dedicas un tiempo a pensar, tus actuaciones serán más concretas ahorrarás muchísimo tiempo». Por lo tanto, tú mismo tienes el mando sobre tu mente. Si le dejas hacer lo que desea nunca lograrás nada. Tienes que domarla, e igual que a un crío decirle lo que debe hacer y lo que no y cuando. El secreto es dividirte en 2 «yos». Tú como padre, por decirlo de una manera, y la mente como hijo, por decirla de otra.
  • Energía: Tienes que tratar, por encima de todas las cosas, de dedicar la máxima energía a tu prioridad. Por lo general la mayoría de las personas gasta toda su energía en hacer tareas secundarías para luego enfocarse más tranquilos en la primaria y se encuentra con que no le quedan ganas ni tiempo. Por consiguiente, primero nuestro objetivo, después todo lo demás. Es fácil ver, sobre todo a los mejores deportistas, dedicarle la mayor parte de su tiempo a su profesión y el resto a descansar.
  • Dedicación máxima: después está la dedicación máxima posible. A más tiempo dedicado, mayor calidad, mayor maestría. Que quede también claro que para lograr la motivación necesaria es imprescindible dedicarse a algo que guste especialmente sino esta menguará con el paso de los días o si no se consiguen avances inmediatos. De hecho, la gente experta en algo se caracteriza porque le apasiona lo que efectúa de manera que disfruta mientras lo hace. Así que es necesario hacer de nuestro objetivo una filosofía de vida entendiendo que «a correr sólo se aprende corriendo». Hay que hacerlo, no sirve de mucho leerlo o verlo, hay que hacerlo.

Por Pena de la Ghetto

Trader independiente